Con las lluvias se activan las enfermedades: cuáles son una amenaza para la soja y el maíz

El Campo
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

Marcelo Carmona, fitopatólogo de la Fauba, advierte que hay ataques de mancha marrón y tizón morado en la oleaginosa y también hongos que pueden provocar fuertes pérdidas en el maíz.

Las intensas lluvias de los últimos días de enero y el primer tramo de febrero salvaron la cosecha de soja y llegaron a tiempo para los lotes de maíz de segunda y los planteos tardíos, pero activaron una amenaza que hay que tomar muy en serio: el complejo de enfermedades de fin de ciclo en la oleaginosa y otros hongos que pueden golpear duro los rendimientos del maíz.


“Lo que es bueno para los cultivos, también lo es para los hongos. En un año Niña se pensaba que la campaña iba a ser una frustración pero las lluvias repararon el daño y ahora están generando condiciones ideales para las enfermedades”, advirtió Marcelo Carmona, profesor titular plenario de la cátedra de Fitopatología de la Fauba, en una entrevista con Clarín Rural.


En el caso de la campaña sojera hay cuatro enfermedades de fin de ciclo que es necesario controlar: la mancha marrón (causada por Septoria), el tizón morado o púrpura (el hongo que la provoca se llama Cercospora kikuchii), la antracnosis y el tizón de la vaina y el tallo (phomopsis). “En las zonas en las que se acumularon más de 30 milímetros de lluvia, las enfermedades van a aparecer”, insistió el experto.

Sin un control adecuado, en un año muy húmedo estos hongos pueden provocar pérdidas de hasta un 20% en los rendimientos de la soja. “Este ciclo las pérdidas de rinde en los lotes no controlados pueden oscilar entre un 10% y un 15%”, estimó Carmona.


En este escenario, el fitopatólogo recomendó aplicar fungicidas en las zonas en las que las lluvias superaron los 30 a 40 milímetros. Y en el caso de las aplicaciones hay que recordar que el tizón morado es resistente a una de las moléculas más comunes en los fungicidas: las estrobilurinas y también al carbendazin. En el caso de los triazoles hay diferente efectividad según la molécula que se utilice, lo que puede provocar que muchas aplicaciones no funcionen y haya sorpresas al momento de trillar los porotos.

“Es importante que los productores se asesoren porque hay triazoles que son eficientes para esta enfermedad. Además se está recomendando mezclar fungicidas con bioinductores, como por ejemplo los fosfitos, que estimulan el sistema de defensa de las plantas”, indicó Carmona.

Los patógenos que acechan al maíz

En los maíces de segunda y los siembras tardías puede haber más dificultades para controlar las enfermedades. “El tizón común del maíz y el complejo de pudriciones de raíz, tallo y espigas son las dos patologías que más problemas están provocando”, aseguró el fitopatólogo.

A esta amenaza hay que sumar las bacteriosis que ingresan a las plantas por las “heridas” -los daños que provocan las tormentas en las plantas- y que también están generando un alto impacto en las principales zonas productivas.


“Contra las bacteriosis no hay mucho que los productores puedan hacer, pero las mezclas de fungicidas con estrobilurinas y triazoles funcionan bien contra el tizón común del maíz”, destacó Carmona.

En este caso, el umbral de daño que debe considerarse para aplicar es una lesión de un centímetro promedio, sumando la longitud que se encuentra en una mancha en la hoja de la espiga, la de arriba y la de abajo. Si el productor encuentra una sóla lesión de tres centímetros en una de esas tres hojas, el umbral está cumplido porque tres centímetros dividido tres es un centímetro.

“Al momento de sembrar el cultivo, también es fundamental recordar que el genotipo influye mucho en la susceptibilidad del híbrido a este hongo”, planteó Carmona.

Controlar las enfermedades foliares también ayuda a mitigar el impacto del complejo de pudriciones de raíz, tallo y espigas en el maíz.

Fuente: Clarin.com