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En 1979 el talentoso volante se fue a vivir a Atenas para jugar en el Panathinaikos y allí se convirtió en un mito que trasciende lo meramente futbolístico. Su amistad con Bielsa, Valdano y mucho más, en exclusiva para Puntal. Si nos dijeran que hace 42 años que Juan Ramón Rocha vive en Grecia casi no lo creeríamos. Su acento correntino es inconfundible; el tono ameno, con confianza, cálido y con una mezcla especial entre el castellano, las antinomias con el griego y ese algo litoraleño propio de su Santo Tomé natal, la ciudad correntina que lo vio nacer en 1946, fronteriza con Brasil, a orillas del río Uruguay.

Son estos casos de aquellos talentosos números diez que entregaba el fútbol argentino y que entrega todavía hoy los que nos distinguen del resto de los países. Ese talento lo llevó a los 16 años al lugar correcto y con las personas indicadas. Porque Newell’s para comienzos de los 70 tenía como coordinador de inferiores a Jorge Griffa, quien regresaba de su periplo por España como jugador.

Allí no sólo se consagró en el Metro 74 con un equipazo, sino que también forjó vínculos con Marcelo Bielsa, con quien habla con mucha frecuencia, y con Jorge Valdano.

En 1973 fue parte integrante de la “selección fantasma” que fue a jugar a La Paz ante Bolivia por las eliminatorias de cara al Mundial de Alemania.

En fin, la historia la cuenta el propio Rocha, con la nostalgia de su Santo Tomé natal y la vida de hace cuarenta años en un país único que los recibió, tanto a él como a su familia, con los brazos abiertos.

En diálogo exclusivo con Puntal, comienza esta larga charla hablando de sus inicios en Rosario.

“Éramos muchos chicos de las inferiores de Newell’s. A mí me vieron a los 16 años; me pruebo en el 71, en el 72 hace opción de mi pase el club y tenemos la suerte de que regresa Jorge Griffa de España, de jugar, y le ofrecen hacerse cago de las inferiores. Ahí comienza un trabajo diferente y todos los chicos pudimos tener una estructura muy buena, por eso si te nombro los jugadores de ese plantel el ochenta por ciento eran de inferiores, más los de experiencia que hacían la diferencia, no sólo en lo futbolístico sino en cuanto a la presencia y personalidad, como el Mono Obberti o Marito Zanabria; estaban el Cucurucho Santamaría o Berta y tuvimos la suerte de tener a un técnico como Juan Carlos Montes, que conocía la institución. En esa época era un equipo muy técnico, atrevido, con jugadores que desequilibraban y además tuvimos uno de los mejores arqueros que vi en mi vida, que fue el uruguayo Carrasco. Carrasco, Rebotaro, Pavoni, Capurro, Barreiro; Picerni, Berta, Zanabria; Obberti, Santamaría y Rocha: salía de memoria ese equipo. Después a la etapa siguiente se sumó Jorge Valdano. Éramos una buena familia, sabíamos lo que queríamos nosotros y lo que quería el club, nos conocíamos de hacía muchos años, ese equipo fue histórico. Ganamos el campeonato con el 2 a 2 en cancha de Central que quedó en la historia”, relata.

-Con el agregado de ser el primero en la historia del club.

-Ese campeonato jugué muy poco, porque estaba en la selección juvenil en un campeonato que se hizo en Chile y cuando vuelvo en el último partido del campeonato jugábamos de locales contra San Lorenzo y teníamos que ganar para clasificar al cuadrangular final. Estaba el partido 1 a 1 y Montes a los ochenta, ponele, me dice que entre y a los ochenta y siete viene una jugada por la derecha, le pego de zurda, palo y adentro, al Mono Irusta, arquero de ese San Lorenzo que era un equipo bárbaro y le ganamos 2 a 1. Fue la primera vez que salí en El Gráfico, una fotito chiquita mía que decía: “Rocha un gol de agonía para clasificar a Newell’s” y cuando ganamos el campeonato con Newell’s no fuimos tapa de El Gráfico. Después, en el 79, cuando fui a Boca, fui dos veces tapa, en dos domingos seguidos. Ahí te das cuenta de la dimensión que tiene Boca y lo que vende.


-¿Qué relación tiene con Marcelo Bielsa?

-Tenemos muy buena relación, somos amigos. Como Marcelo es una persona muy especial, únicamente digo que somos muy amigos, hasta ahí quiero llegar.

-Y también con Jorge Valdano, con quien se criaron juntos. ¿Cómo es esa historia?

-Mi historia con Jorge es de muchos años, vivíamos en La Rioja y Sarmiento en una pensión en Rosario de doña Pepa, que fue mi segunda madre. Cuando terminé la escuela tengo una foto con ella en el Liceo Avellaneda y ella fue como mi tutora. Ahí vivíamos un par de jugadores del interior, entre los cuales estaba Valdano y en un momento dado en el 73 el club ve que teníamos las condiciones para subir. En la pensión de doña Pepa teníamos el lugar donde vivíamos más el almuerzo y cena de lunes a viernes; sábados y domingo no había nada, cerraba, y el viático era sólo para ir al entrenamiento y volver, no alcanzaba para otra cosa. Entonces en ese momento nos llevan a una casa de familia, un señor Carbó que vive todavía y vivimos en una piecita que estaba atrás de la casa con un patio grande al medio. Ahí se notaba que Jorge era el intelectual nuestro, yo solo tenía una guitarra.

-¿Demostraba esa personalidad de tanta intelectualidad?

-Él lo demuestra con todo, con las formas, una vez vino acá con el Real Madrid, fuimos a comer y para sacarse la corbata fue al baño, no se la sacó en el comedor, un señor. Nosotros le decíamos el poeta; se notaba de chico, su fuerte, aparte del fútbol y quizá más, era la forma de pensar, de hablar y expresarse.

-Es una leyenda de Panathinaikos, ¿cómo comenzó ese romance?

-Yo tuve la suerte de vivir tres etapas en el club. Mi historia no comienza en el 79, cuando vine, mi etapa comienza en el 75. Después del campeonato que ganamos con Newell’s empieza la Copa Libertadores y nos tocaron Olimpia y Cerro Porteño. En la previa del partido con Cerro, un sábado jugamos en Buenos aires contra Chacarita por el campeonato, entonces Newell’s manda un equipo suplente, yo tenía 20 años. Y venían a ver a Rodolfo Rodríguez (riocuartense), que después jugó en Boca, y venían a verlo especialmente a él. Perdimos 3 a0 y cuando salimos del vestuario se arriman dos personas y me preguntan si quería jugar en Panathinaikos, ahí se hizo todo. Estuve seis meses y no se hizo la transferencia, era una parte del club que todavía no era profesional del todo. En septiembre del 75 me vuelvo a Argentina, sigo jugando en Newell’s, incluso vuelvo a jugar con la selección.

-En el medio hay un paso breve pero muy bueno en Boca...

-En el 78 me fui a Colombia, donde nació mi hija, y de vacaciones en Santo Tomé me llaman para jugar en Boca. Cuando yo tuve la primera reunión con Lorenzo en su casa, él me dice que no iba a jugar ese año, no tenía a quién sacar y me manda a hablar con Alberto J. Armando a Barrio Norte. Me hace una oferta muy por debajo de lo que ganaba y me quedé con esa oferta pero jugando en Boca. Ese año termine como capitán del equipo y a fin de año viene nuevamente el Panathinaikos, que había sido comprado por la familia más rica de Grecia. Ellos estuvieron hasta el 2011. El club creció como institución un montón, llegué como jugador y como entrenador a las semifinales de la Champions League, en el 84 contra el Liverpool y en el 96 contra el Ajax de Van Gaal. Es un club como los más grandes de Europa, después no sé qué pasó y desde ese momento hasta ahora el club tiene una crisis muy grande. Es ahí que el Olympiacos, que venía en un segundo plano, ahora es el rey de acá, de los últimos 15 campeonatos ganó 13.

-Son más de cuarenta años viviendo en Grecia, ¿con qué país se siente más identificado?

-Es raro, muchas veces decía que me sentía más griego que argentino, pero al final me estaba mintiendo a mí mismo. Cuando vinimos era muy difícil incluso comunicarse por teléfono, era sólo por carta. Cuando te comunicás así con la frecuencia de ahora, ves que no es así y volvés a tus raíces. Yo, por ejemplo, puedo escuchar la radio de un amigo en Santo Tomé que tiene un programa los domingos al mediodía u otro programa de chamamé que tiene un chico de Corrientes que vive en Río Gallegos que se llama la “Patria Guaraní”. Cuando no tengo partido comienzo a las tres de la tarde y hasta las nueve de la noche escucho los dos programas, yo soy correntino a muerte y chamamecero de ley. Nosotros tuvimos la suerte de tener un gran poeta que fue el padre Julián Zini, que fue el autor de muchos poemas que relata exactamente lo que yo en mi infancia viví. Escuchando esas letras recitadas por Julio Cáceres, de Los de Imaguaré, me hace volver a la infancia, entro a llorar y me pierdo en el recuerdo.

La vida más allá del fútbol

-¿Cuánta noción tiene el griego común de la rica historia que tienen como cuna del mundo occidental?

-Hay dos partes: los más grandes y los más chicos y, como todo, creo que la gente joven tiene otra manera de ver el pasado. La gente grande sabe de historia, de sus filósofos, de la mitología, los monumentos, mientras que los jóvenes no tanto. De todas formas, Grecia es un país que, aparte de lo que podemos dar como belleza, con ocho meses de verano, 280 islas habitadas y lugares preciosos. Yo digo siempre en chiste cuando hablo que si fuera ministro de turismo de Grecia impediría que un griego vaya de vacaciones a otro país, es una cosa increíble. Acá tenemos las siete islas del mar Jónico que están compuestas por Corfú, Paxos, Léucade, Cefalonia, Citera, Zante e Itaca, desde donde Homero comenzó su travesía en “La Ilíada”. Es muy turístico, hay 40 millones de turistas al año y la parte histórica donde la mayoría de la gente viene, más allá de eso, a ver la historia.

-Grecia ha sido un país con varias crisis en los últimos años, ¿cómo lo ha vivido?

-Para mí es una cadena mundial, nosotros también tuvimos una crisis bárbara, con algo parecido a un corralito en 2015. Yo me acuerdo bien de que estaba en una isla en la escuela de técnicos y de repente cierran los bancos, me acordaba del 2001 en Argentina, a pesar de que yo no estaba allá. Acá fue muy grande, aunque la diferencia con Argentina es que nosotros pertenecemos a la Comunidad Europea y hay muchos beneficios, no hay inflación, hay una moneda fuerte como el euro y hay muchas cosas que no tienen nada que ver con lo que sucede allá. Después vino el cambio de gobierno, con uno de izquierda; yo soy de Alexis Tsipras, que fue el primer ministro anterior a este y que tuvo un ministro de defensa argentino-griego (Costas Isychos) y soportó, dio la cara para hacer los ajustes y todo lo que salvó la situación. Después, el que los hace paga con las elecciones.

-Con Turquía siempre hubo una rivalidad especial en todo sentido, ¿eso lo notan?

-No es así, están la parte política y la civil, por decirlo de una manera. Si te vas a Turquía o cuando los turcos vienen para acá, incluso hay 20 islas que están a 500 metros de Turquía, hay intercambios de compras, por ejemplo, y la gente no tiene problema. El problema es político y lo que sí sabemos es que Grecia está comprando aviones y barcos de guerra. Perteneciendo a la Comunidad Europea y a la Otan, no creo que estos momentos haya una guerra entre ambos países. De todas formas, las políticas internacionales son difíciles de entender.

FUENTE: Javier Albarracín. Redacción Puntal (puntal.com.ar)