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El exmandatario convivió dos días en el Sur con su exministra y aceptó sacarse una foto, pero no la ungió como su candidata predilecta; pese al optimismo en el ala dura, abogó por una interna en las PASO La orden llegó ayer a la tarde.

En un ínterin de su cumbre con Mauricio Macri en Cumelén, Patricia Bullrich sorprendió a sus colaboradores: les pidió que le cambiaran los pasajes del vuelo que tenía previsto para esta mañana y postergaran unas horas su regreso a la Ciudad de Buenos Aires. Es que el expresidente le pidió que se quedara a almorzar, para compartir más tiempo junto a Juliana Awada. Por ese motivo, la exministra de Seguridad suspendió al menos tres reuniones políticas que tenía programadas para hoy en el distrito porteño. Tenía previsto aterrizar en la Capital alrededor de las 19. Pese al hermetismo con el que intentaron manejar el tema durante los dos días de convivencia en el Sur, tanto Macri como Bullrich se mostraron satisfechos con el resultado de sus charlas sobre la estrategia electoral de Pro y los ejes centrales del plan de gobierno que prepara la exministra.

No hubo “fumata blanca” ni señales de un acuerdo político entre Macri y la gestora de Pro de cara a las presidenciales. Pero sí quedó en evidencia -al menos eso intentaron hacer desde ambos bandos- la muy buena sintonía entre los dos jefes opositores. Por caso, hubo una seguidilla de gestos del exjefe del Estado que alimentaron las expectativas en el equipo de campaña de Bullrich y en las distintas terminales del macrismo. En medio de la pulseada con Horacio Rodríguez Larreta por el liderazgo del principal partido opositor, la exministra volvió a la Capital Federal con un galardón: además de ser su huésped en su búnker en Cumelén, obtuvo una foto con Macri.