Cómo es la vida del médico de Diego Maradona hoy: confía en la junta médica, no se arrepiente de nada y le apunta a la presión de los medios

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La defensa del neurocirujano Leopoldo Luque ratifica que Diego no evidenciaba problemas cardíacos y que no necesitaba cuidados más específicos en su casa. Creen que hay un “terrorismo mediático” en su contra y aclaran que los audios que salieron a la luz no forman parte de la causa.

Hay una discutible lógica de la que Leopoldo Luque se sostiene: confía en que la condena social se va terminar cuando aparezca la condena judicial. Mientras tanto busca ajustarse a lo imposible, hacer una vida normal después de haber sido protagonista del final de una historia extraordinaria.


El médico de Diego Maradona les apunta a los medios de comunicación al tiempo que equilibra su tranquilidad en la letra fría y completa de la causa judicial y los derechos y obligaciones a los que podía alcanzar desde su rol. Cree que está montada una campaña de "terrorismo psicológico" en su contra. Dice que no se arrepiente de nada, que hizo todo lo que estuvo a su alcance, que los audios que se difunden están editados, son malintencionados y -lo más relevante- no forman parte del debate judicial.

Según pudo reconstruir Clarín, Luque está muy confiado en que la junta médica que comienza el 8 de marzo y busca determinar si hubo mala praxis en el tratamiento médico que se llevó a cabo en los últimos tiempos de Maradona, le dará la razón y lo absolverá de toda culpa.


Para eso, a través de sus abogados respondieron a una serie de interrogantes que están plasmados en la causa. Allí, entre muchos otros aspectos, dejan evidencia de que el paciente no dio su consentimiento y se negó a llevar a cabo muchas de las recomendaciones que los especialistas le hicieron en los últimos tiempos.

Y un dato clave: las constancias médicas indican que, en vida, a Maradona no le habían detectado ninguna patología cardíaca. Es más, en 2020, le realizaron dos chequeos médicos completos a Diego, uno en abril y otro en setiembre (dos meses antes de su muerte) y en ninguno encontraron falencias en su corazón.

Vale aclarar que la autopsia determinó que Maradona murió como consecuencia de un "edema agudo de pulmón secundario a una insuficiencia cardíaca crónica reagudizada" y descubrió en su corazón una "miocardiopatía dilatada". Aunque desde la defensa de los médicos que acompañaban el día a día del Diez subrayan que esas patologías eran imposibles de hallar con el paciente vivo y no figuran en ninguno de los exámenes médicos que les realizaron durante años.

"No se puede revivir a un paciente y hacerle un tratamiento a partir de las cosas que saltan en una autopsia y que antes no aparecían", resumen.

Así se aferran a ratificar que no era necesario contar con cuidados más extremos en su casa de Tigre.

Además, aclaran que para tener a disposición un desfibrilador, un monitor cardíaco y una ambulancia en la puerta, hubiera sido lo mismo que continuara internado en la Clínica Olivos.

En este sentido, desde la institución en la que operaron a Diego del hematoma subdural, acordaron junto a la familia del Diez y a sus médicos más cercanos que ya estaba en condiciones de abandonar la internación hospitalaria. Aunque recomendaron que continuara con su tratamiento contra el alcohol en un establecimiento especializado en tratar adicciones.

Allí se impuso la decisión del propio Diego, que cortó de cuajo esa chance. Y llegó el aval de todo su entorno y también de la obra social, plasmados con sus firmas en el acuerdo para que Maradona se trasladara a una casa en Tigre en la que contaría con asistencia de enfermeros las 24 horas.

“Pareciera que tiene que haber un culpable y que Luque ya está sentenciado”, cuentan fuentes cercanas al doctor. “El peso del tormento mediático es muy fuerte, pero lo que acá realmente importa es lo que pase en la Justicia no lo que dicen los medios”, agregan.


Son 24 los puntos de pericia elaborados por los fiscales para la junta médica que deberá definir si hubo mala praxis. Y entre esos ítems, se destacan los interrogantes de cuál era el estado cardiológico de Diego Maradona, si sus médicos debían conocerlo, si estaba bien o mal medicado, si la casa de Tigre era el lugar adecuado para una internación domiciliaria y si el equipo a cargo de su salud aumentó, por sus acciones u omisiones, los riesgos para el desenlace inesperado.

El equipo coordinado por el fiscal general de San Isidro John Broyad, e integrado por sus adjuntos Patricio Ferrari y Cosme Iribarren, y por la fiscal de Benavídez, Laura Capra ya le notificó a las partes los 24 puntos sobre los que el 8 de marzo comenzará a trabajar la junta médica que se realizara en la Superintendencia de Policía Científica de La Plata.

Los siete profesionales de la salud imputados en la causa por un posible "homicidio culposo" son el neurocirujano Leopoldo Luque (39); la psiquiatra Agustina Cosachov (35); el psicólogo Carlos Daniel "Charly" Díaz (29); los enfermeros Dahiana Gisela Madrid (36) y Ricardo Omar Almirón (37); la médica coordinadora Nancy Forlini (52); y el coordinador de los enfermeros, Mariano Perroni (40).

La historia de Diego y Luque

Médico neurocirujano y especialista en intervenciones cerebrales y de columnas, al doctor Leopoldo Luque (M.N. 160588) le sonó el teléfono en 2016. Un colega amigo le contaba que Diego Maradona buscaba un neurólogo y se le ocurrió que Luque y su socio Ariel Sainz, con quien encabezan el centro médico Columna Baires, podían ser los elegidos.

Desde ese momento, la vida de Luque tuvo un antes y un después. "No lo podíamos creer. ‘¿Qué Diego? ¿Diego Maradona?‘, preguntábamos. Hasta el día que tuvimos que ir a verlo no contamos nada, por las dudas. La noche anterior no dormimos, antes de llegar tuvimos que tomar un miorrelajante, porque estábamos muy nerviosos", recordaba.

Desde ese momento fueron cuatro años de relación con los subibajas propios de los vínculos de Diego y de su dinámica laboral que lo hacía ir y venir de Argentina varias veces.

Hubo tramos de amistad profunda y charlas íntimas. También episodios de fuertes discusiones y peleas que casi terminan en agresiones físicas. “Es el paciente más difícil del mundo”, repetían los médicos que pasaban cerca de Maradona.

Al mismo tiempo, desde el círculo cercano de Diego aseguraban que Luque era a la persona que Maradona más escuchaba.


"Estoy muy mal, porque se murió mi amigo. Qué se diga que no estuve con él, no lo pude creer", dijo ante los medios Luque, en su última declaración pública, en el patio de su casa, donde improvisó una conferencia de prensa después del allanamiento como parte de la investigación por un posible homicidio culposo.

Después de aquel primer encuentro en 2016 en el que hablaron mucho más de fútbol que de cuestiones sanitarias, Maradona dio luz verde para que Luque se pusiera al frente de su recuperación.

El neurocirujano tenía como misión principal ocuparse de los trastornos para conciliar el sueño de Diego y coordinar una mejora de sus problemas de motricidad, acosado por los dolores en las rodillas y los tobillos.

Como parte del plan, el 24 de julio de 2019 el campeón del mundo en México 86 se sometió en la Clínica Olivos a una intervención en su rodilla derecha en la que le colocaron una prótesis para aliviar el dolor que sufría desde hacía años debido a una sinovitis aguda y artrosis.

Luque nació en Lanús y vive en Adrogué con su esposa y sus dos hijos. Si bien es homónimo del recientemente fallecido exdelantero campeón del mundo en 1978, la relación del doctor (hincha de Independiente) con el fútbol se limita al ámbito amateur. “Tenés los pies redondos”, lo bromeaba Diego cuando pateaban un rato en el parque de la casa de Brandsen.

Luque recibió un diploma de Honor por sus estudios en la Universidad de Buenos Aires e inició allí su carrera laboral con una ayudantía ad honorem en la Cátedra de Neurocirugía de la Facultad de Medicina. Luego trabajó seis años en la Fundación Barceló y desde 2017 se desempeñó en el Hospital Alemán y en El Cruce.

Desde 2019 es uno de los directores de Columna Baires, un establecimiento que apunta a resolver patologías de la columna con intervenciones mínimamente invasivas y rápida recuperación.