“Parecía un apocalipsis zombie”: militares de EE.UU. describen la caótica salida de Kabul

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La tripulación de los últimos aviones cuenta su experiencia en los últimos vuelos de evacuación desde Afganistán.

Los soldados estadounidenses que salieron de Kabul en los últimos vuelos de evacuación cuentan su experiencia. 


Para los pilotos y la tripulación del ejército estadounidense que estaban a punto de realizar su último despegue desde Afganistán, el cielo estaba iluminado con fuegos artificiales y disparos esporádicos, y el aeropuerto estaba lleno de casquillos de aviones y equipos destruidos.


Perros callejeros corrían por la pista. Y los combatientes talibanes, visibles en la oscuridad a través de la vista teñida de verde de las lentes de visión nocturna, recorrían el aeropuerto agitando una despedida inquietante.

Alineados en la pista del aeropuerto de Kabul, el lunes por la noche estaban los cinco últimos C-17 que abandonaron el país tras una evacuación aérea caótica y mortal que marcó el final de la participación de Estados Unidos en la guerra de Afganistán.

En las últimas horas, ya no había sistemas de defensa contra misiles para protegerlos en la pista, ni nadie en el centro de control del aeropuerto para dirigirlos hacia la salida.

"Parecía apocalíptico", resumió el teniente coronel de la Fuerza Aérea Braden Coleman, a cargo de vigilar el exterior de su avión para detectar fuego de artillería y otras amenazas.

"Parecía una de esas películas de zombis donde todos los aviones estaban destruidos, con las puertas abiertas, las ruedas rotas. Había un avión que estaba completamente quemado. Se podía ver la cabina de mando y todo el resto del avión parecía el esqueleto de un pez", describió.

El miércoles, en entrevistas con The Associated Press, los miembros del 816º Escuadrón Expedicionario de Transporte Aéreo de la Fuerza Aérea que tripularon los últimos vuelos militares, detallaron sus últimas horas tensas de la salida oscura, emotiva y polarizada de Estados Unidos, de una guerra que ahora deja al país en manos del mismo enemigo talibán que una vez expulsó del poder.

Tensión en la pista


"Definitivamente fue muy tenso, y todos estábamos al límite, observando lo que sucedía para asegurarnos de estar preparados", dijo el capitán de la Fuerza Aérea Kirby Wedan, piloto del MOOSE81, que dirigió la formación final de cinco aviones.

Comentó que a la tensión se sumó el hecho de que sus aviones estaban estacionados en una zona del aeropuerto que había sido atacada y violentada en el pasado. En un momento de la noche, un grupo de civiles entró al aeropuerto y trató de llegar a la aeronave, pero fue detenido por las tropas del ejército que aseguraban el avión, dijo Wedan, jefe de la célula de planificación de misiones del escuadrón.


Justo detrás de su C-17 estaba el MOOSE92, donde Coleman, director de operaciones del 816º Escuadrón de Transporte Aéreo Expedicionario, revisaba sus propias listas de control para el despegue. Cuando se le dijo que carreteara un poco más, salió del avión para ayudar a dirigir a la tripulación.

"Llevaba puestos mis lentes de visión nocturna y un Raven me seguía, para asegurarse de que estaba a salvo", dijo Coleman, en referencia a un miembro de las fuerzas de seguridad especialmente entrenadas para proteger los aviones de la Fuerza Aérea.

"Fue un poco tenso, no voy a mentir. Pero supongo que uno no piensa realmente en eso en ese momento. Simplemente... haces lo que estás entrenado para hacer", explicó.

Preparativos finales


Durante más de tres horas, repasaron metódicamente unos 300 puntos de sus listas de control, cargando los últimos cuatro helicópteros Little Bird y asegurándose de que tenían todos sus efectivos y equipos.

Desde la Base Aérea de Scott, en Illinois, la general Jacqueline Van Ovost, comandante del Mando de Movilidad Aérea, observaba en las pantallas de video cómo los aviones se alineaban para el despegue.

Una de las pantallas mostraba el flujo del chat mIRC, la aplicación de mensajes en línea que los militares utilizan para comunicarse. Y podía escuchar las órdenes del teniente coronel Alex Pelbath, el piloto que actuaba como comandante de la misión para la salida final.

Uno por uno, cada C-17 recibió la orden de clamshell, es decir, de cerrar la rampa. Luego, la orden final de Pelbath: "Hacé salir a la fuerza". Con eso, Wedan comenzó a mover su C-17 por la pista.

"Fue definitivamente diferente. Nunca había estado en un aeropuerto en el que no tuviera realmente permiso para despegar", dijo Wedan, señalando la ausencia de control de tráfico aéreo en la torre.

Cuando despegaron en rápida sucesión, estallaron las ovaciones de las tropas a bordo, la mayoría fuerzas de operaciones especiales y soldados de la 82ª División Aerotransportada.

"Alivio"


"Fue un alivio visible", dijo Wedan. "Se notaba que habían trabajado mucho. Muchos de ellos no se habían bañado en quince días. Estaban increíblemente cansados. Se notaba que estaban aliviados por haber salido de ahí y por haber cumplido su misión", señaló.

Cuando el último C-17 abandonó el espacio aéreo de Kabul, Pelbath transmitió un mensaje de bienvenida: MAF Safe, que significa que las Fuerzas Aéreas de Movilidad están fuera de peligro.

El general de división Chris Donahue, comandante de la 82ª División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos, fue el último soldado en subir a la rampa del último C-17 en salir. Había estado a cargo de la seguridad de la misión de evacuación. Poco después de que los aviones estuvieran en el aire, envió su propio mensaje: "Trabajo bien hecho. Orgulloso de todos ustedes".

Apiñadas en el piso del avión, las tropas agotadas encontraron lugares para dormir. "Todos estaban como sentados unos encima de otros, cualquier cosa que pudiéramos hacer para subirlos al avión y sacarlos", dijo Wedan.

Y agregó que al cabo de 30 minutos, la mayoría de los tripulantes de su avión estaban dormidos. Coleman estuvo de acuerdo.

"Bajé las escaleras y me advirtieron que no fuera al baño porque había demasiada gente frente a la puerta", dijo Coleman. "Había un tipo que tenía una caja de botellas de agua como almohada. No sé cómo podía estar cómodo. Pero, bueno, estaba profundamente dormido", contó.

El vuelo a Kuwait duró unas cuatro horas. Coleman dijo que su avión tuvo la suerte de contar con baños adicionales. El de Wedan sólo tuvo uno, pero su tripulación repartió caramelos.

"Están agotados y ahora descansan. Pero creo que, durante dos semanas y media, se vio realmente por qué muchos de nosotros nos alistamos", dijo Coleman, que se sumó en 2001 tras los atentados del 11 de septiembre que desencadenaron la invasión de Estados Unidos en Afganistán.

"Ver a todo el mundo dar un paso adelante para que esto se hiciera en el tiempo que se hizo, para sacar a 124.000 personas en menos de tres semanas. Quiero decir que hoy no podría estar más orgulloso de ser un piloto de C-17".

 

Fuente: Clarin

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