Afganistán: cómo los talibanes aplastaron una protesta de mujeres que marchaban por sus derechos

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Pese a la amenaza de violentas golpizas y represalias se manifestaron en Kabul para pedir que se respeten sus derechos.


Pese a la amenaza de violentas golpizas y represalias, cientos de mujeres se manifestaron en las calles de Kabul para pedir a los talibanes que respeten sus derechos y dejar en claro que no renunciarán fácilmente a los logros alcanzados en las últimas dos décadas en Afganistán.


Pero conforme la multitud crecía, con cientos de hombres que se unían a las mujeres, los talibanes utilizaron la fuerza para aplastar una manifestación pacífica por segunda vez en menos de una semana. Comenzaron a golpear a los manifestantes con las culatas de sus rifles y con palos, según los testigos, y la multitud se dispersó después de que los combatientes comenzaran a disparar al aire.

Fue una notable exhibición pública de las mujeres, que sufrieron un brutal sometimiento la última vez que los talibanes estuvieron en el poder. Quienes salieron a la calle en los últimos días temen que el grupo no haya cambiado.

Las protestas se producen en momentos en que los talibanes consolidan su control militar sobre el país, luego de anunciar el lunes que habían tomado la capital de la conflictiva provincia de Panjshir.

Aunque los talibanes tienen casi el monopolio del uso de la fuerza, las manifestaciones pusieron de manifiesto los retos a los que se enfrentan los antiguos insurgentes en su intento de ganarse el corazón y la mente de una generación de afganos que nunca han vivido bajo el régimen talibán, sobre todo los de las zonas urbanas.

Afganistán también se enfrenta a una crisis humanitaria cada vez más grave. Servicios básicos como el suministro eléctrico están en peligro, mientras el país se ve afectado por la escasez de alimentos y dinero en efectivo.

Y miles de afganos siguen intentando desesperadamente huir del país, mientras Estados Unidos se esfuerza por evacuar a decenas de sus ciudadanos.

Huir del país
En una conferencia de prensa celebrada el martes en Doha (Qatar), el secretario de Estado Antony Blinken dijo que los funcionarios de los EE.UU. estaban "trabajando sin descanso" para garantizar que los vuelos chárter que transportan a los estadounidenses salgan de Afganistán con seguridad.

Blinken, que se presentó junto al secretario de Defensa Lloyd Austin y sus pares cataríes, dijo que los líderes talibanes recientemente habían reafirmado su compromiso de permitir a los ciudadanos estadounidenses y otras personas con documentos de viaje válidos salir libremente del país.

Pero los talibanes han planteado objeciones a los vuelos chárter que transportan tanto a personas con documentos de viaje válidos como sin ellos, dijo Blinken.

Añadió que no tenía conocimiento de ninguna situación "similar a la de los rehenes" en el aeropuerto de Mazar-e-Sharif, donde, según algunos grupos de defensa y miembros del Congreso, los talibanes impiden la salida de los vuelos chárter.

Para la gran mayoría de los afganos, no hay escapatoria. Sólo incertidumbre.

Pero el hecho de que las mujeres hayan participado de forma destacada en muchas de las recientes protestas pone de manifiesto su voluntad de defender sus derechos incluso frente a las culatas de los rifles, los gases lacrimógenos y las represalias.

Durante las dos décadas anteriores a que los talibanes retomaran el poder, las mujeres tuvieron un papel activo en Afganistán y, entre otras cosas, ocupaban cargos políticos, se incorporaban a las fuerzas militares y policiales, tocaban en orquestas y competían en los Juegos Olímpicos.

Muchas mujeres afganas, que se han beneficiado con la educación y el derecho a la libertad de expresión en los últimos veinte años, temen volver al pasado, cuando a las mujeres se les prohibía salir de casa sin un tutor masculino y se enfrentaban a la flagelación pública si infringían normas morales, por ejemplo, no cubriéndose la piel.

Pero la realidad es que las mujeres afganas de las zonas rurales -más de dos tercios de la población viven fuera de las ciudades- tenían poco o ningún acceso a esas mejoras. La guerra y la agitación constantes fueron una realidad durante años en el campo y, para las familias rurales, la victoria de los talibanes ha supuesto un respiro, por incierto que sea.

El nuevo poder
Desde su llegada al poder el mes pasado, los talibanes han tratado de presentarse como más moderados, invitando a las mujeres a unirse al gobierno y diciendo que se permitirá a las mujeres trabajar y a las niñas recibir educación.

Pero el grupo aún no ha codificado ninguna ley nueva ni ha ofrecido detalles sobre cómo piensa gobernar. Las primeras señales que llegan de todo el país no son prometedoras, como la advertencia de los talibanes de que las mujeres deben quedarse en casa hasta que se enseñe a los combatientes talibanes a no hacerles daño.

La protesta del martes fue la segunda manifestación con participación de mujeres en la capital del país en menos de una semana y también fue la segunda en ser aplastada violentamente.

Rezai, de 26 años, una de las coordinadoras y organizadoras de la última protesta, dijo que la manifestación se montó en coordinación con personas que están tratando de estructurar una resistencia nacional a los talibanes.

"Invitamos a la gente a través de las plataformas de las redes sociales", dijo. "Y hubo más personas de las que esperábamos. Prevemos que habrá más concentraciones porque la gente no quiere terror ni destrucción. Los talibanes no han conseguido nada desde que tomaron el poder, salvo matar gente y sembrar el terror".

Al marchar el martes a la mañana, llevaban una pancarta con una sola palabra: "Libertad".

Las consignas
Las mujeres coreaban esa palabra mientras caminaban, en tanto los talibanes observaban atentamente. Se les sumaron hombres, muchos de los cuales censuraban a Pakistán por lo que consideran su apoyo a los talibanes y su injerencia en los asuntos afganos.

"No estamos defendiendo nuestro derecho a un empleo o a un puesto de trabajo, estamos defendiendo la sangre de nuestros jóvenes, estamos defendiendo nuestro país, nuestra tierra", dijo una mujer, según un video publicado en las redes sociales.

Los testigos informaron que los combatientes talibanes golpearon a los manifestantes con palos y las culatas de sus rifles. Tolo TV, una de las principales emisoras afganas, dijo que uno de los camarógrafos que cubrían las protestas fue detenido brevemente por los talibanes.

Cuando un fotógrafo de The New York Times se acercó a la manifestación en una calle cercana al palacio presidencial, conocido como Arg, un convoy de al menos una docena de camionetas talibanes se acercó a la multitud.

En cuanto los combatientes talibanes se bajaron de las camionetas, empezaron a disparar, sobre todo al aire, al parecer. No hubo informes inmediatos de heridos graves o víctimas fatales.

La gente -que parecía sumar varios centenares- empezó a correr.

La gran concentración había terminado. Poco después, cuando algunos de los manifestantes varones formaron un pequeño grupo y empezaron a gritar consignas a favor de la resistencia, los talibanes los ahuyentaron.

Cuando la multitud se dispersó, Jamila, de 23 años, dijo que había sido una manifestación pacífica.

"La gente simplemente salió a la calle y protestó", explicó. Pero le preocupa que la táctica de los talibanes para dispersar a la multitud pueda llevar a un derramamiento de sangre.

 

Fuente: Clarin

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