La situación que atraviesan las familias de la Chácara 45 volvió a exponer un problema que lleva más de cuatro años sin respuesta: el estado intransitable de las calles laterales y la presencia de una valeta profunda que se convierte en una trampa mortal cada vez que llueve. En los últimos días, dos niños estuvieron a punto de ahogarse y una madre cayó junto a su hijo por el barranco, provocándole al pequeño una fractura en una pierna.

Los vecinos describen un escenario que ya no sorprende, pero sí indigna: para poder salir del barrio —especialmente las madres que llevan a sus hijos a la escuela— deben atravesar una zanja con agua corriente, barro, desniveles y una pendiente peligrosa. En días de lluvia, la corriente se vuelve peligrosa y arrastra todo a su paso.
“Mi hijo resbaló y cayó ahí en el agua que corría por la valeta. Se le veía solo el buzo. Gracias a las personas que lo vieron y lo rescataron rápido no se ahogó”, relató una vecina, todavía conmocionada por el episodio.
Un abandono que se repite: decisiones que castigan a los más vulnerables.
La falta de intervención municipal en la zona no es nueva. Los vecinos aseguran que desde hace años reclaman la reparación de los caminos que rodean la Chácara 45, sin obtener respuestas del municipio de Santo Tomé, a cargo del intendente José Augusto Suaid y el viceintendente Carlos Farizano.
La decisión política de no intervenir en un sector donde viven familias trabajadoras, muchas de ellas con niños pequeños, es calificada por los propios habitantes como inaceptable. Para ellos, el abandono no es casualidad: es una forma de castigo hacia quienes exponen las falencias del municipio.
Este patrón no es aislado. Los vecinos recuerdan el caso de La Villita, donde —por motivos que nunca fueron explicados— el municipio decidió no brindar el servicio de agua potable durante años, afectando a decenas de familias, aunque en algunas publicaciones decían que ya habían solucionado el problema del agua, totalmente FALSO.
“Es un peligro para todos”: el miedo cotidiano de las familias
En Chácara 45, la vida cotidiana se volvió un riesgo permanente. La zanja que rodea el barrio es profunda, inestable y se transforma en un torrente cuando llueve. Los niños deben pasar por allí para ir a la escuela; las madres cargan mochilas y muchas veces, a sus propios hijos para evitar que caigan.
“En días de lluvia la corriente es muy fuerte y es un peligro para todos los habitantes de este sector”, insistió otra vecina, que asegura que viven “un calvario” cada vez que deben salir de sus casas.
Un reclamo urgente que ya no admite excusas
Los hechos recientes —dos niños casi ahogados y un menor con una pierna fracturada— no son accidentes aislados: son la consecuencia directa de la inacción municipal. Los vecinos exigen una solución inmediata y definitiva, antes de que la próxima lluvia termine en una tragedia mayor.
Mientras tanto, la pregunta que queda flotando es inevitable: ¿Cuántos niños más deben caer, lastimarse o arriesgar su vida para que el municipio actúe?
EN LA NOTA A LOS VECINOS LAS MADRES DE LOS NIÑOS QUE CASI SE AHOGAN EN LA VALETA Y DEL NIÑO QUE TERMINO CON UNA FRACTURA AL CAER CON SU MAMA DE LA BARRANCA.

