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30-07-2026

Un plan pergeñado por seguidores y amigos del padre del psicoanálisis permitió que este pudiera huir del Holocausto. Cuatro de sus hermanas, sin embargo, murieron en campos de concentración.

 

Si no hubiera sido por la obstinación de un grupo de seguidores y amigos que lo liberaron del alcance de los nazis, Hitler no hubiera dudado en exterminar a Sigmund Freud: sobre esa hipótesis tan potente se desliza Salvar a Freud, un libro escrito por el periodista estadounidense Andrew Nagorski que se publica ahora en español y reconstruye ese episodio traumático de la vida del psicoanalista, así como otras viñetas cotidianas que retratan una existencia apacible y poco atormentada, salvo por el cáncer de mandíbula que sufrió desde 1923.

El 15 de marzo de 1938, el mismo día en que Hitler se dirigió a la multitud desde el balcón de Hofburg, en el palacio imperial de Viena, un grupo de tareas de las Sturmabteilung o SA -una milicia vinculada al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán- se presentó en la casa de Sigmund Freud, quien tenía en ese momento 82 años.

 

Freud era, para entonces, uno de los judíos más reconocidos de la ciudad y los nazis lo tenían bajo la mira hacía ya bastante tiempo. Su esposa, Martha, intentó detener al grupo de un modo educado, pero los nazis insistieron buscando dinero hasta que apareció en escena el propio Freud y se detuvo, con coraje, frente a ellos.

Según declaraciones de un testigo, parecía “un profeta del Antiguo Testamento”. Los miembros de las tropas fueron amedrentados por el psicoanalista y finalmente decidieron salir de la casa, aunque amenazaron con volver en algún momento.

La escena la describe el periodista y escritor estadounidense nacido en Edimburgo, Andrew Nagorski, de 76 años, en el libro Salvar a Freud, un título que resume la esencia de la obra: la historia de cómo se consiguió sacar al autor de La interpretación de los sueños de la pesadilla en que se estaba convirtiendo la ciudad de Viena durante el nazismo.

Nagorski reconstruye la manera en que un grupo variado de seguidores y amigos liberaron a Freud del alcance los nazis y plantea una hipótesis muy clara de que, de no haber logrado escapar, Hitler no hubiera dudado en exterminar al psicoanalista.

De hecho, y este es uno de los datos más importantes que se despliegan en la obra, cuatro de sus hermanas murieron en los campos nazis en 1942, tres de ellas, Rose, Marie y Pauline, en las cámaras de gas de Treblinka y la cuarta, Dolfi, de inanición en Theresienstadt.

“Si Freud se hubiera quedado y no hubiera muerto antes del cáncer que acabó matándolo en Londres, los nazis lo hubieran asesinado en los campos o de cualquier otra manera. Era un símbolo del judío más peligroso para ellos. Y hacían muy pocas excepciones”, sostiene el autor.

El libro se centra en el rescate de Freud de Viena pero a su vez recorre la existencia del científico y recuerda los principales hitos de su vida y de su época, desde su nacimiento en 1856 en la entonces Freiberg y hoy Pribor (República Checa), incluyendo los experimentos con cocaína, la colaboración con Charcot, la hipnosis, el hombre de las ratas, el surgimiento de los términos “psicoanálisis” o “complejo de Edipo”, los problemas con Jung, Adler y Ferenczi, la relación con Einstein, la aversión por los Estados Unidos y el especial cariño que le tenía a su perro.

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