Los enfrentamientos fronterizos entre Tailandia y Camboya se han intensificado dramáticamente en los últimos días, con nuevos ataques de artillería, drones y bombardeos aéreos que han forzado la evacuación de cientos de millas de personas en ambos países.
Al menos diez personas han muerto desde el inicio de la nueva escalada este martes, mientras se estima que más de 200.000 personas se encuentran en centros de evacuación en la zona fronteriza.
La crisis pone fin a un alto el fuego incondicional que los dos países habían acordado apenas hace un par de meses tras cinco días de enfrentamientos en julio pasado, que dejaron 43 muertos y aproximadamente 300.000 desplazados.
Bangkok y Phnom Penh se acusan mutuamente de haber iniciado los nuevos ataques. Ambos gobiernos han asegurado que no cederán en la defensa de su soberanía, mientras continúan los bombardeos aéreos en la región.
Tailandia ha tomado el control de varios puntos de control fronterizos e impuestos restringidos, amenazando con interrumpir suministros eléctricos e internet en localidades camboyanas cercanas.
Esta disputada frontera tiene raíces profundas en la historia de ambas naciones, conquistada desde los tiempos del dominio colonial francés.
El conflicto actual forma parte de una disputa de larga data sobre territorios fronterizos y sobre un templo, Preah Vihear, que ambos países reclaman como suyo. El impasse diplomático ha generado tensiones comerciales, con Camboya suspendiendo importaciones de frutas y verduras de Tailandia y prohibiendo producciones cinematográficas y televisivas tailandesas.
La comunidad internacional, incluyendo a Estados Unidos con su mediación inicial, observa con preocupación los nuevos brotes de violencia que amenazan la estabilidad de toda la región del Sudeste Asiático.

