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30-07-2026

El Gobernador fue el gran ganador de las elecciones. Asumió el riesgo de desdoblar, discutió poder en las listas y se puso al frente de la campaña. Empieza un nuevo tiempo en la interna del PJ.

 

 

Ganó el peronismo. Ganó la unidad pragmática que escondió las grietas internas. Ganó la sencillez de un mensaje unificado sin coordinación previa. Ganó la capacidad de esquivar la conflictividad interna para que la negatividad de las turbulencias diarias queden pegadas al cuerpo de La Libertad Avanza (LLA). Ganó Axel Kicillof, que puso en juego su liderazgo, que desdobló la elección pese a las presiones de Cristina y Máximo Kirchner, y que se puso al frente de la campaña electoral como cara visible de una jugada estratégica que terminó dando resultado.

Kicillof jugó gran parte de su capital político en esta elección bonaerense. Se enfrentó a CFK, a su liderazgo y a su lapicera. Y le ganó. Se enfrentó a Máximo Kirchner, La Cámpora y el cristinismo de paladar negro. Y le ganó. Se enfrentó a sus propios temores y necesidades. A las presiones implícitas y explícitas de los propios, de los intendentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), que cerraron filas detrás de él y que le pedían patear el tablero. Y ganó.

El gobernador bonaerense se enfrentó a un cierre de listas traumático, feroz, revoltoso y enredado. Se enfrentó a una discusión sobre las cabezas seccionales y el armado de listas, que estuvo peleada en los detalles hasta el límite de la ruptura. El agradecimiento que Kicillof le hizo a Sergio Massa en Tigre y que le llenó los ojos de lágrimas al ex ministro tuvo que ver con ese momento determinante. A esas horas de enojos, listas paralelas, llamados frenéticos y corazones alterados que podrían haber terminado en la explosión de la coalición.

 

En el kicillofismo le reprochan a Máximo Kirchner y sus representantes haberse levantado de la mesa de negociación, ofuscados por la disputa de los lugares y la resistencia a aceptar condicionamientos. Y, en paralelo, le reconocen a Massa que se haya quedado sentado en esa mesa en un momento determinante y que haya intentado cerrar el acuerdo de unidad cuando la fractura parecía inevitable. Por eso Kicillof le reconoció un lugar clave en esos contrapuntos extensos y cargados de rencor.

Lejos está de ser una casualidad la foto de Kicillof y Massa en el búnker de La Plata. El abrazo fotografiado cierra ese círculo. Las sonrisas de las múltiples victorias en sus caras y una ausencia bien marcada: la de Máximo Kirchner. El líder camporista esperó los resultados con su madre en San José 1111, donde cumple con la prisión domiciliaria. Lo que resta saber a partir de ahora es cómo se moverán los principales líderes del espacio en el nuevo tablero político. Cómo serán las modificaciones inevitables en el circuito de poder de Fuerza Patria.

El resultado electoral va a influir directamente en la interna del peronismo y en el reacomodamiento del espacio político. CFK salió a festejar en su balcón en el mismo momento que el jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco, anunció los resultados. Un contraste que nadie puede aceptar que sea parte del azar. Una imagen quebrada de un peronismo que tendrá que convivir, de ahora en más, con fricciones permanentes por el inicio marcado de un cambio de era.

Ni la ex presidenta ni Máximo Kirchner felicitaron a Kicillof en sus publicaciones en redes sociales. Como si hubiese sido un actor más de reparto en la historia de estas elecciones. Lo ignoraron. Y esa decisión impulsiva denota debilidad. Es una extraña forma de mostrarse ante la adversidad de una discusión interna que tuvo un claro ganador. Más tarde, antes de que el Gobernador hablara en público, se escuchó un audio de la ex mandataria en el que lo saludó. Lo nombró al pasar. Uno más.

Antes y después de ese audio de CFK hubo una canción de la militancia presente que marca un nuevo capítulo de la interna y de la discusión renovadora. “Es para Axel, la conducción”, se entonó en varias oportunidades, mientras que el Gobernador esbozaba una sonrisa y sus lugartenientes más cercanos la cantaban con ánimo. Si la conducción es de Kicillof, ya no es de Cristina. De eso se trata.

Es una expresión de deseo. La realidad, aunque se imponga, es más dura. No habrá pase de mando. Los movimientos de los nombres propios y el poder de decisión con mayor concentración en La Plata comenzarán a jugar en esa reconfiguración que advirtieron las urnas.

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