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30-07-2026

En un acto inédito, el mandatario habló en el recinto de la Cámara de Diputados para presentar el proyecto de Ley de leyes. Envió un fuerte mensaje a los gobernadores y proyectó un país con estabilidad económica, en el caso de que sus objetivos se cumplan.

 

El presidente Javier Milei asistió al Congreso este domingo para presentar el Presupuesto 2025. Durante su discurso, defendió el déficit cero como piedra fundamental de su sistema económico y adelantó que rechazará cualquier legislación que atente contra el equilibrio fiscal luego del veto a la fórmula de movilidad jubilatoria. Por otra parte, envió un mensaje a los gobernadores al convocarlos a realizar un fuerte ajuste de 60 mil millones de dólares. Según sus proyecciones, si todos sus objetivos se cumplen, Argentina alcanzará la estabilidad económica.

A continuación, el discurso completo del presidente Javier Milei:

Hoy estamos aquí para presentar un proyecto del Presupuesto Nacional que va a cambiar la historia de nuestro país, después de años en donde la clase política ha puesto cepos a la libertades individuales, hoy venimos aquí a ponerle un cepo al Estado. Este proyecto de presupuesto que estamos poniendo aquí tiene una metodología que blinda el equilibrio fiscal, sin importar cuál sea el escenario económico. Esto significa que, independientemente de qué ocurra en la economía a nivel macro, el resultado fiscal del sector público nacional estará equilibrado. Este blindaje fiscal abre una nueva página en nuestra historia, hasta ahora desconocida. A ´partir de ahora la Argentina será solvente, con la consecuente baja del riesgo país y de la tasa de interés y en consecuencia el aumento de la inversión, de la productividad, del salario real y, en definitiva, la caída de la pobreza y de la indigencia. De hecho, no puedo dejar de comentar que estamos hoy aquí, en esta misma casa, donde en diciembre de 2001 fue declarado y aplaudido, durante la Presidencia de Adolfo Rodríguez Saá, a casa llena y en medio de enorme algarabía, el default de la Argentina. Ese default que fue festejado y aplaudido de pie por la clase dirigente sería el principio de un ciclo populista que ha destruido a la Argentina.

Algunos se preguntan por qué estoy aquí esta noche; si en general, quien suele presentar el Presupuesto Nacional que el Poder Ejecutivo le propone al Congreso es el ministro de Economía. Decidí hacerlo personalmente por dos razones. Primero, porque soy economista, además estoy orgulloso de eso, el primer presidente economista de la historia, para ser más preciso, y como soy economista, probablemente por deformación profesional, para mí el destino de un pueblo se juega en las definiciones económicas que toma, porque solo sobre la base de una economía sana las personas pueden ejercer verdaderamente su libertad. Bueno, la primera y primordial de esas definiciones es acerca de qué se tiene que ocupar el Estado y cómo va a usar el dinero de los pagadores de impuestos. Eso, ni más ni menos, es el Presupuesto Nacional. Recordemos que, en algún sentido, la democracia moderna como la conocemos hoy es hija de una revolución que se gestó bajo el principio de que no puede haber tributación sin representación. La tarea principal de esta casa, para lo que fue pensada, es establecer un Presupuesto Nacional para definir qué hace el Estado con el dinero de los pagadores de impuestos.

La segunda razón por la cual me estoy presentando hoy aquí es porque vengo a proponer un proyecto de presupuesto diametralmente distinto a lo que nos tienen acostumbrados. No solo distinto, sino el más radicalmente distinto de nuestra historia. Y he aprendido de primera mano que a más profundo el cambio, mayor tiene que ser el esfuerzo empeñado para pelear por él. Por eso estamos aquí hoy, porque el Presupuesto Nacional no es solo una ley más, es la ley de leyes, es la hoja de ruta bajo la cual ordenaremos las prioridades de nuestra gestión en la presente hora nacional.

La piedra basal de este presupuesto es la primera verdad de una administración pública sana, una verdad que durante muchos años ha sido relegada en Argentina: el déficit cero. Lo primero que hay que entender es que cuando los gobiernos quieren gastar, y gastar compulsivamente, y no les da el margen para seguir subiendo impuestos, como ocurre en Argentina, la única forma de pagar la cuenta es pidiendo plata prestada o imprimiéndola en el Banco Central. Recordemos brevemente lo que ha sido la metodología histórica de nuestra clase dirigente, como los políticos no entienden las restricción presupuestaria y no quieren dejar de gastar generan déficit, para cubrir ese déficit lo primero que hacen es tomar deuda, pero como no hacen el ajuste necesario, la deuda se vuelve impagable y entonces defaultean. Así, nos convertimos en el mayor defaulteador serial del mundo, pero el default no es inocuo, caer en default lo que produce es la ya famosa en Argentina fuga de capitales. Entonces, los dólares comienzan a escasear, los políticos no tienen mejor idea que establecer aranceles o derechos de exportación para hacerse de los dólares del sector privado y , por el otro lado, establecen controles de capitales para intentar retener los escasos dólares que produce el país. Como esto produce que la Argentina se quede sin crédito en los mercados financiero, no tiene mejor idea que imprimir dinero, que, como ya sabemos, genera inflación. Nota al pie: porque la inflación es siempre un fenómeno monetario, le guste a quien no le guste. Para combatir la inflación, ponen controles de precios que hace 4 mil años sabemos que no funcionan e inventan regulaciones que destruyen la propiedad privada, entorpecen el cálculo económico, destruyen el capital y, en consecuencia, aumentan la pobreza y la indigencia. Esta es la triste historia en Argentina de lo que los políticos y analistas llaman política económica que no ha sido otra cosa más que la violación sistemática de los derechos de propiedad de los ciudadanos.

Dicho de otro modo, el déficit solo se cubre con deuda, que no es ni más ni menos impuestos futuros, impuestos sobre las futuras generaciones, o con más impuestos presentes o con más emisión. En Argentina más impuestos no puede haber, es el país con mayor cantidad de impuestos del mundo. Y si a eso le sumamos que el 50% de la actividad económica es informal, la presión impositiva en Argentina ronda el 60%. Un verdadero disparate para un país que necesita desesperadamente acumular capital.

Una vez descartada la posibilidad de subir impuestos, la otra forma de solventar el déficit es con deuda, es decir, cargándole a las generaciones futuras el despilfarro de hoy. Esto otra cosa que entregar en el altar del populismo la vida de nuestros jóvenes, es decir implica el exterminio de las generaciones futuras que hoy ya en un 70% son pobres.

Pero Argentina, producto de ser el mayor defaulteador serial del mundo, no tiene acceso al crédito, por ahora, lo que inhabilita cualquier tipo de endeudamiento aun si fuera deseable, que no lo es. Y cuando esa alternativa se agota, el déficit se paga imprimiendo pesos, que es robarle a todos los argentinos mediante el señoreaje. Para que tomen dimensión de la estafa que hemos vivido, la política le ha robado a los argentinos cerca de 25 mil millones de dólares por año en señoreaje los últimos 20 años. Y digo robado, no como eufemismo, sino en sentido literal: porque cuantos más se emite, cada peso que un argentino tiene en su bolsillo vale menos, con el doloroso agregado de que la inflación, que es consecuencia directa de la emisión monetaria, golpea entre 25 y 30 veces más a los que menos tienen.

Esto, sin embargo, no es una novedad. En la Argentina tuvimos déficit fiscal en 113 de los últimos 123 años, y esos diez años que no tuvimos déficit fue porque ya había saltado todo por los aires y estábamos en default. Quiere decir que prácticamente el 100% de nuestra historia moderna los gobiernos incumplieron esta verdad básica de la economía y le pasaron la factura al común de los argentinos una y otra vez. También quiere decir que este será el primer año de superávit fiscal sin entrar en default de toda la historia argentina. ¡Vaya si no hay gestión!

No es casualidad, entonces, que seamos el máximo defaulteador de la historia moderna. No es casualidad que hayamos vivido con una inflación desorbitante durante el último siglo, habiendo termino el año 2023 con la inflación más lata del mundo, por encima de Venezuela y el Líbano. No es casualidad, tampoco, que en los últimos 120 años hayamos pasado de tener el PBI per cápita más alto del mundo a ser un país donde el 60% de la población es pobre. El huevo de la serpiente de todos los problemas económicos argentinos, de todos, que es el déficit fiscal, es la única constante a lo largo de nuestra historia.

Porque la deuda es producto del déficit, la emisión monetaria es producto del déficit, la inflación es producto de financiar el déficit con emisión, la destrucción del capital es producto del endeudamiento que genera el déficit; por lo tanto, la pobreza y la indigencia es producto del déficit.

Se preguntarán entonces, ¿a quién le puede servir semejante modelo? Bueno, ¿saben cuál es la madre del déficit? La razón por la cual hay déficit es la compulsión inagotable de los políticos por el gasto público, que no conoce restricción presupuestaria alguna. Porque es solo gastando plata que no es suya que pueden hacer negocios para ellos, sus clientes y sus amigos. Ya Friedman decía que no hay peor forma de gastar que el gasto estatal, porque hay cuatro maneras de gastar dinero. Gastar el dinero propio en uno mismo, gastar el dinero propio en terceros, gastar el dinero ajeno en uno o gastar el dinero ajeno en terceros. Y como uno no conoce las preferencias ajenas, ni es responsable del dinero ajeno porque no sabe cuánto costó conseguirlo, la peor forma de gastar dinero es gastar el dinero de otros en otros, que es precisamente el gasto del Estado.

Hay algo que tiene que quedar claro de una vez y para siempre: no hay nada, pero nada, más empobrecedor para el común de los argentinos que el déficit fiscal. Y no hay nada, pero nada, que enriquezca más a los políticos que el déficit fiscal. Este es el triste papel que el gasto público juega en el modelo de la casta. La política ha adornado este modelo con buenas intenciones y marcos teóricos rimbombantes. Por años los hemos escuchado hablar de la justicia social, que no solo no es justa, sino que es extremadamente violenta, porque la justicia social implica sacarle a unos para darle a otros, basada en un principio inconsistente que dice que donde hay una necesidad nace un derecho. Pero el problema, estimados, es que las necesidades son infinitas y los recursos son finitos.

Por eso, cuando el político pide más, y más, y más gasto para repartir plata que no hay, en realidad lo que está haciendo es estafando al pueblo argentino, está jugando con el futuro de todos para anotarse un par de puntitos políticos con algún discurso bienpensante en el camino. Porque el político sabe perfectamente que cuando aumenta el gasto público le está poniendo plata en un bolsillo a la gente para sacarle el doble por el otro bolsillo.

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