El gobernador estuvo en Mar del Plata, donde Néstor Kirchner y otros presidentes de la región enfrentaron a George W. Bush en 2005; lo secundaron sindicalistas como Roberto Baradel.

MAR DEL PLATA.- Apenas diez días después de las últimas elecciones, confirmada una derrota en su territorio por menos de 30.000 votos, el gobernador Axel Kicillof aseguró que el resultado de las urnas no fue de apoyo a un proyecto sino a un contexto de enojo, pero advirtió que el modelo que propone el presidente Javier Milei “ya fracasó” y convocó a construir “una alternativa política” para el país hacia 2027, cuando se renueve el gobierno nacional.
Dejó esta sentencia en su paso por Mar del Plata para participar de la segunda y última jornada de una convocatoria que tuvo fuerte presencia de sus funcionarios bonaerenses para evocar el rechazo que hace 20 años se dio aquí a un acuerdo de libre comercio (ALCA) con Norteamérica, impulsado por el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, durante el desarrollo de la IV Cumbre de las Américas.
“Quien derrotó al ALCA fue el pueblo latinoamericano”, afirmó al recordar aquel grito de “No al ALCA” como una gesta de la postura monolítica que consiguieron por aquellos días los presidentes de Argentina, Néstor Kirchner; de Venezuela, Hugo Chávez; de Brasil, Lula da Silva, y de Uruguay, Tabaré Vázquez, como principales referentes entre más de 30 estados representados en esa mesa de discusiones.
Durante el discurso que brindó en la sala Astor Piazzolla del teatro Auditórium, ante varias decenas de referentes políticos y dirigentes gremiales, entre ellos Roberto Baradel y algunos llegados desde países vecinos para este encuentro, Kicillof valoró aquella unidad de Latinoamérica y aclaró que “no hay posibilidad para el desarrollo del país si no es en el marco de la unidad y la integración continental”.
Sus críticas han sido reiteradas al presidente Milei y en particular al rol que ha tomado en este último tiempo la gestión de Donald Trump, el mandatario estadounidense que respaldó al actual gobierno argentino y le garantizó apoyo político y económico.
De aquel rechazo en presencia de Bush valoró que se constituyó en “una suerte de nueva declaración de independencia de todos los países latinoamericanos” porque de haberse aprobado, arriesgó, se hubiera convertido en una suerte de “dominación norteamericana del continente”. Y, transcurridos 20 años, lamentó estos tiempos en los que aquellos ideales han perdido fuerza frente al avance de proyectos más cercanos al liberalismo. “Esto ya fracasó”, dijo y recordó lo ocurrido en los tiempos de convertibilidad en Argentina y otros intentos similares en distintos países.

