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30-07-2026

La conducción de la central obrera se reunirá esta semana para unificar criterios y resolver cómo van a confrontar las medidas del Gobierno. Fastidio acumulado y una “guerra de guerrillas” para debilitar al oficialismo. El factor obras sociales.


“¿Si a 45 días hacés un paro general, a los 90 días qué hacés, un bombardeo?”. La pregunta se la hizo el mes pasado uno de los tres dirigentes más importantes de Unión por la Patria a la cúpula de la CGT. Fue en un asado reservado que compartieron después de la medida de fuerza del 24 de enero y tradujo las críticas que generó la prematura utilización de la ultima ratio que tienen los gremios para confrontar con un gobierno. A menos de un mes de esa huelga y del costo político que tuvo que pagar la central obrera, los gremialistas analizan otra estrategia de lucha ante el agravamiento de la crisis y las últimas medidas impulsadas por Javier Milei.

 

En el mundo sindical asumen que la relación con el Poder Ejecutivo está quebrada y no tiene retorno. En esa lógica entienden el fracaso del Consejo del Salario Mínimo, la imposición de cambios unilaterales en la legislación laboral, y también la decisión de avanzar sobre las obras sociales con una política de desregulación y libre competencia que si bien puede tener beneficios para los trabajadores registrados, los sindicatos lo asimilan como una ofensiva en contra de sus intereses.

 

Hay varias ideas, más allá de que un sector combativo está dispuesto a lanzar a como dé lugar un segundo paro nacional. Una alternativa generaba por estas horas más consenso y, de hecho, no excluía a la más extrema. “Guerra de guerrillas”, la bautizó en diálogo con Infobae uno de los sindicalistas que conoce bien la superficie y también los subsuelos que conectan a los gremios con la política.

¿Qué significa? Entre otras cosas respaldar medidas de fuerza decididas por sectores y actividades que están afectados por sus propias demandas irresueltas, principalmente aumentos salariales. Son capítulos de una misma secuencia derivada de una economía en crisis, que soporta las consecuencias del draconiano ajuste fiscal y del plan de estabilización que aplicó Milei apenas asumió el Gobierno para encarrilar una economía que acumulaba desequilibrios, regulaciones e inconsistencias. En el horizonte asoma el paro de trenes que anunció La Fraternidad para el próximo miércoles -que seguro tendrá una conciliación obligatoria-, otro en ciernes de los colectivos en el AMBA que podría anunciar la UTA, protestas por la parálisis de la construcción, y el inminente y casi inevitable conflicto docente.

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