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30-07-2026

El documental de tres capítulos de Fideo cuenta su vida con testimonios de su familia y sus compañeros. De armar bolsas de carbón de niño, a las veces que pensó en retirarse y la anécdota de su propuesta de casamiento a Jorgelina Cardoso.

 

La vida de Ángel Di María parece escrita por un guionista de cine: se trata de un luchador que nunca claudicó. Desde sus orígenes humildes en los que acompañó a su padre a juntar bolsas de carbón a convertirse en uno de los mejores futbolistas argentinos de la historia. Cambió las críticas por elogios. Fue el apuntado por sus lesiones, pero él siempre respondió con resiliencia para superarse y consagrarse para llegar a lo máximo. Caerse y levantarse, mil veces, al punto de marcar goles en cuatro finales ganadas por la Selección, de la que acaba de retirarse.

Su pase a Rosario Central fue cotiazo en 26 pelotas, que cobró El Torito, el club en el que arrancó a jugar. Le costó mucho llegar a nivel profesional, algo que su padre, Miguel, no pudo conseguir por tener que ayudar a su familia y por la rotura de la rodilla. Lo logró gracias al acompañamiento de su madre, Diana, para ir a los entrenamientos en bicicleta. “No tengo palabras para describirla a mi vieja. Es todo lo que está bien. Hizo todo por mí. Hacíamos 30/40 minutos en bicicleta por lugares jodidos y solo quería que yo llegara a entrenar. Pasábamos por la cancha de Central y decía que algún día iba a cumplir mi sueño y el de ella”, dijo Fideo con lágrimas en la serie documental “Romper la pared”, que se estrenó este jueves en Netflix. “Juro por mis hijas que pensé que no iba a llegar. Yo jugaba por diversión y eso me hizo llegar a donde llegué”, confesó.

Nada fue fácil para Angelito y también lo vivió desde muy pequeño afuera de la cancha, en épocas en las que ayudó a su papá para distribuir carbón y armaba las bolsas. “Medio rata era mi viejo, me pagaba 100 pesos la bolsa y estaba una hora y media. Pero en ese momento el peso valía”, recordó con una sonrisa. En esos años su familia también la pasó mal, ya que casi pierde la casa porque el padre le salió de garante a un amigo para poner una panadería. El hombre pagó dos o tres cuotas y luego tuvo que responder Miguel por el préstamo.

Fue la propia determinación de Diana la que le valió seguir en las Inferiores de Central pese a que un entrenador le dijo que no iba a jugar. “Un día un técnico le dijo a Ángel ‘vos sos chico, no cabeceás’ y me dijo ‘señora, lléveselo a otro lugar. Acá no va a jugar’. Le dije ‘no nos vamos a ninguna parte. Él va a venir a entrenar acá’”, contó Diana. “En ese momento quería dejar de jugar porque era muy chico y jugaba por diversión”, reveló Ángel. “Le dije ‘quedate tranquilo, éste se va a ir”’. Así fue, aquel DT partió y Fideo siguió brillando en los equipos juveniles.

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