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30-07-2026

El italiano es el asesor ejecutivo del equipo francés y quedó encantado con el argentino. De instructor de esquí a ser clave en el imperio Benetton de la moda. Y transformarse en un titiritero dentro de la Fórmula 1.

 

Camina por los boxes de los circuitos donde corre la Fórmula 1 y Flavio Briatore es una celebridad dentro del mismo circo. Todo el mundo lo conoce y para el ambiente parece haber quedado enterrado que fue el autor intelectual del Crashgate, el máximo escándalo en la historia del automovilismo. El magnate italiano de 74 años es el guía de Alpine, equipo que logró recuperarse y saltar del noveno al sexto puesto final en el Campeonato Mundial de Constructores. Además, tiene un ojo clínico como pocos para identificar qué piloto tiene pasta y por eso trabajó hasta fichar a Franco Colapinto.

A principios de los años setenta también trabajó en la Bolsa de Italia; época en la que conoció a Luciano Benetton, fundador de la conocida empresa de vestimenta, que llegó a ser un imperio, en parte por la muñeca de Flavio. Se metió de lleno en la compañía y llegó a ser director de operaciones del grupo para América, luego de abrir cuatro tiendas en los Estados Unidos y pasar a 800 en una década.

En el medio ya se había consolidado con su otra pasión que fue fomentando y se trató del automovilismo. En 1985, su amigo Luciano compró el equipo Toleman, el mismo con el que Ayrton Senna debutó en la Máxima en 1984. En 1986 se estrenó la escudería Benetton, que fue una revolución por los diseños de sus autos con el verde preponderante y su toque multicolor. Visualmente, los Benetton del segundo lustro de los años ochenta fueron de los más lindos de la F1. Ya en su primera temporada lograron ganar, con Gerhard Berger, en México.

En el team, en 1988 Flavio primero tuvo el rol de director comercial y más allá del buen presupuesto provisto por la icónica marca de ropa, Briatore logró atraer a una importante tabacalera cuyo ícono es un camello. En 1989 consiguieron su segunda victoria y fue en la carrera del famoso toque entre Ayrton Senna y Alain Prost, en Suzuka, Japón, cuando Alessandro Nannini heredó el triunfo luego de la exclusión de Senna, a quien lo acusaron de recorrer menos metros al cortar la chicana tras el incidente con el Profesor.

Nannini, el hermano menor de Gianna Nannini, cuya voz inmortalizó Un’ Estate Italiana, la canción del Mundial de Italia 1990, cuentan que tenía destino de Ferrari, pero un accidente en helicóptero le costó la amputación de un brazo en aquel año, en el que Nelson Piquet le dio otras dos victorias.

Pero fue en 1991 cuando la vida de Briatore cambió en la F1. A esa altura ya era el jefe del equipo y en Bélgica lo deslumbró un joven de 22 años llamado Michael Schumacher, que reemplazó a Bertrand Gachot, quien debió cumplir dos meses de arresto por un altercado con un taxista. Ese novato alemán que sorprendió en Spa-Francorchamps con un Jordan, fue un impacto para Flavio, ya que en la carrera siguiente se lo llevó a Benetton.

Briatore y el entonces representante del piloto, Willy Webber, encontraron una artimaña legal para eludir el contrato de tres años que Eddie Jordan le ofreció al germano. El británico le mandó un preacuerdo para que Schumacher se sumara a su equipo y Weber lo devolvió firmado por Michael. Pero con un leve cambio: donde ponía que Schumacher “firmaría el contrato la semana que viene” lo reemplazó y puso que Schumacher “firmaría un contrato la semana que viene”. Y lo firmó, pero con Benetton.

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