El Gobernador enfrentará unos comicios que tienen una importancia sustancial para su liderazgo político, la convivencia con Cristina Kirchner y su proyecto presidencial.
“El domingo vamos a ganar y Axel se va a consolidar como una promesa concreta de cara al 2027. Va a ganar él y van a ganar muchos intendentes que respaldamos el desdoblamiento”. De esa forma un influyente e histórico jefe comunal del conurbano definió, con anticipación y sin tantos rodeos, dónde quedará parado el Gobernador el próximo domingo.
Pero no es la única voz. Hay otras que tienen una mirada más crítica. “Si el 7 perdemos, se acaba el sueño presidencial de Axel, va a tener difícil la gestión en los últimos dos años y va a pagar el costo político de haberse encaprichado con el desdoblamiento”, planteó un funcionario bonaerense de La Cámpora.
Una tercera mirada, que podría retratar una suerte de equilibrio, fue la de un intendente de una de las secciones más pobladas del conurbano. “Si ganamos, La Cámpora lo va a criticar igual a Axel. Y si perdemos, lo van a criticar el doble. Quieren que llegue lo más debilitado posible a una candidatura presidencial”, sentenció.
Hay dos figuras trascendentes en la elección bonaerense del domingo. Una es Javier Milei. La otra es Axel Kicillof. El Presidente juega a ganar en un territorio que, históricamente, ha sido afín al kirchnerismo. Y aspira también a que ese eventual triunfo del fin de semana, sea determinante para marcar una victoria contundente en las elecciones nacionales del 26 de octubre.
Kicillof pone varias cosas en juego. No es solo el resultado electoral el que impactará de lleno sobre la figura del Gobernador. Sino también cómo quede plantado su liderazgo provincial, con qué fuerza se sostendrá el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) que fundó y cómo serán los próximos dos años de gestión.
El Gobernador jugó a fondo con su decisión de desdoblar la elección bonaerense. Un movimiento político que le permitió ponerse al frente de la campaña electoral, tal como lo habían estipulado los integrantes del MDF varios meses atrás. Su protagonismo fue categórico y pragmático. Formó parte de actos con dirigentes de La Cámpora, pero también con intendentes que son de su espacio. Estuvo con Sergio Massa y Juan Grabois. Evitó la interna y la confrontación con Máximo Kirchner, que cargó contra él en plena campaña.
Tanto Kicillof como su Jefe de Gabinete, Carlos Bianco, explicaron en reiteradas oportunidades que la decisión de adelantar los comicios estuvo vinculada a una cuestión estrictamente técnica, asociada al tiempo de votación. Según habían proyectado, a través de un trabajo de consultoría, al mezclarse dos sistemas electorales de votación -Boleta única papel y boleta tradicional -, se iban a generar enormes colas y se corría el riesgo de que mucha gente no llegue a votar.
La decisión del Gobernador fue confrontada por Cristina Kirchner y todo el arco político que la rodea, quienes acusaron a Kicillof de “dividir al peronismo” y de buscar “romper con CFK” antes de “enfrentar a Milei”. “Es responsable del desmembramiento de un proyecto nacional. Lo que hizo es un suicidio”, sentenciaron en el cristinismo, minutos después de que anunciara en conferencia de prensa que iba a desdoblar la elección. Fue una batalla sin sentido. Desgastante para todos. Pero, especialmente, para el peronismo como fuerza política.

