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30-07-2026

Para la central obrera, el paro fue “contundente”, aunque no logró conmover al Gobierno para que acepte negociar sus medidas. Ahora, el debate interno se profundiza: algunos quieren esperar y otros presionan por un paro de 36 horas.

El paro de la CGT se hizo sentir, pese a que tuvo un acatamiento dispar, pero la dirigencia cegetista no pudo cumplir con su objetivo: conmover al Gobierno para que modifique sus políticas. Las reacciones de los principales referentes libertarios ante la segunda huelga general contra Javier Milei permiten suponer que el día después de la protesta sindical no cambiará demasiado la postura oficial.

 

“El Gobierno debe tomar nota y reconfigurar su política de ajuste, que nos está llevando a extremos”, dijo el cotitular de la CGT Héctor Daer (Sanidad) en la conferencia de prensa en la que se hizo un balance de la medida de fuerza. Curiosamente, no hubo euforia ni expresiones de alegría entre los dirigentes que se ubicaron en el escenario del salón Felipe Vallese de la sede de Azopardo 802. La “contundencia” del paro que destacaron varios sindicalistas no se notó en sus rostros ni en su discurso: Daer no quiso responder directamente críticas de Milei, Patricia Bullrich, José Luis Espert y Manuel Adorni, y hasta Pablo Moyano, afecto a la incontinencia verbal, estuvo más medido (hace una semana, en el mismo lugar, despertó la ira de los senadores al hablar del “fantasma de la Banelco”).

 

El balance positivo del paro que hizo la CGT tuvo sabor a alivio (no tenían una clara certeza del grado de acatamiento de los trabajadores) y también a preocupación: el problema que se abre ahora para la cúpula cegetista es cómo seguir. El sector dialoguista sabe que no puede repetir huelgas todos los meses, aunque empieza a sentirse la presión de algunos dirigentes por avanzar hacia un paro de 36 horas. Lo verbalizó el combativo Rubén “Pollo” Sobrero en la marcha de la izquierda por el Día del Trabajador y, a la distancia, ya lo consideran como una variante posible en el ala dura de la CGT.

 

Un puñado de gremialistas habló sobre ese tema en el cuarto piso de la CGT antes de que comenzara la conferencia de prensa. “Bueno, ahora usemos la cabeza; basta de paros”, dijo un dirigente de primera línea. Otro se quejó: “Pero Milei nos obliga a parar porque no afloja un centímetro”. El debate interno en el sindicalismo sobre el futuro del plan de lucha comenzará la semana que viene, pero incidirá de manera decisiva la suerte que tengan la Ley Bases y el paquete fiscal en el Senado.

Para la mayoría de la CGT no habrá manera de que el Presidente retroceda y acepte negociar si no fracasan sus grandes apuestas legislativas. Fue lo que pasó, recuerdan, cuando descubrió tardíamente la enorme repercusión de la marcha universitaria. “Milei es inteligente y hay que confrontarlo con inteligencia”, fue una de las frases escuchadas en privado en la CGT. En la misma sintonía, un dirigente de peso advirtió: “Tenemos que cuidar la herramienta del paro. No la podemos desgastar”.

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