El estrecho de Ormuz, el paso marítimo más estratégico del mundo para el tránsito de petróleo y gas, atraviesa su mayor crisis desde que comenzaron los registros del comercio internacional. El conflicto iniciado el 28 de febrero de 2026 con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán derivó rápidamente en un cierre de facto de esta angosta vía marítima de apenas 33 kilómetros de ancho, provocando una disrupción sin precedentes en el suministro global de energía.
Antes del conflicto, por el estrecho de Ormuz transitaba aproximadamente el 20% del comercio mundial de hidrocarburos. Desde el inicio de la guerra, Irán controla de facto ese paso, lo que ha paralizado la producción de más de 6 millones de barriles diarios de petróleo provenientes de los países del Golfo. La Agencia Internacional de Energía (AIE) calificó el bloqueo como "la mayor interrupción del suministro registrada hasta la fecha", y estimó que más de 600 millones de barriles que normalmente transitan por Ormuz este mes no podrán hacerlo, junto con casi 250 millones de barriles de producción petrolera de Oriente Medio que quedarán sin poder exportarse.
El impacto en los precios del crudo ha sido inmediato y profundo. Desde el inicio de las hostilidades, el barril de Brent acumula un aumento superior al 40%, y los futuros del petróleo experimentaron oscilaciones en dos días de marzo que superaron las variaciones registradas en años anteriores. Los precios de la gasolina en Estados Unidos alcanzaron su nivel más alto bajo la presidencia de Donald Trump, lo que representa un dolor de cabeza político para la administración con las elecciones de mitad de mandato en el horizonte.
En las últimas 24 horas, la situación siguió agravandose. Irán amenazó con minar las rutas del Golfo Pérsico si Estados Unidos ataca sus islas petroleras, en particular la isla de Jarg, el principal centro de exportación de crudo iraní. El Consejo de Defensa iraní informó que su país responderá con el despliegue de minas navales y flotantes ante cualquier intento de ataque a sus costas, lo que podría bloquear completamente el tránsito en la región. Según reportes del Los Angeles Times, al menos 20 personas han muerto en los estados del Golfo en los últimos días como consecuencia directa de los ataques iraníes.
El Secretario del Tesoro estadounidense, Scott Besent, confirmó públicamente que el envío de tropas para asegurar la isla de Jarg "está sobre la mesa", lo que elevó la tensión a nuevos niveles. Trump, por su parte, sostuvo que el estrecho de Ormuz "podría reabrirse pronto" en medio de negociaciones y llegó a proponer un "inusual control conjunto" entre ambos países sobre el paso marítimo, propuesta que Irán rechazó de plano.
La armada iraní también atacó un buque de apoyo militar estadounidense cerca del puerto de Salalah, en Omán, en las últimas horas. Un trabajador del puerto omaní resultó herido en otro ataque de drones iraníes que además dañó una grú. Noruega, una de las principales potencias marítimas del mundo, ordenó a su flota que se mantuviera alejada de la zona: "Las condiciones siguen siendo muy peligrosas para el transporte marítimo comercial", afirmó Alf Tore Sorheim, director de asuntos marítimos del país.
Ante este escenario, los países del Golfo buscan alternativas desesperadas. Arabia Saudí redirige buena parte de sus exportaciones de petróleo hacia el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, para evadir el bloqueo de Ormuz. Sin embargo, la entrada de los hutíes al conflicto —lanzando misiles y drones desde Yemen el 28 de marzo— amenaza también el estrecho de Bab el-Mandeb, cerrando potencialmente esta vía alternativa. Emiratos Árabes Unidos anunció el 27 de marzo planes para crear una fuerza naval multinacional destinada a proteger el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.
Diplomáticamente, Pakistán, Turquía, Arabia Saudí y Egipto trabajan en conjunto para presentar una propuesta a Estados Unidos orientada a estabilizar el tráfico marítimo en el Golfo. Fuentes turcas indicaron que la reapertura del estrecho sería el primer paso para generar confianza mutua antes de un posible alto el fuego. Mientras tanto, algunos países adoptan medidas proteccionistas para garantizar el suministro interno de combustible, y los funcionarios estadounidenses barajan intervenir directamente en los mercados de futuros del petróleo.
El mundo enfrenta, en definitiva, la peor crisis energética desde el embargo petrolero de 1973, con un punto de inflexión geográfico de apenas 33 kilómetros de ancho en cuyo destino se juega la estabilidad económica global.
Fuentes: Prensa Mercosur, Agencia Bloomberg (citada por El Nuevo Herald y Ámbito), El País, La República, CNN Español, Página 12.

